miércoles, 27 de mayo de 2026

El hombre duplicado, de José Saramago

 

Este es uno más de esos libros que uno empieza y no termina, posiblemente por no haberme enganchado lo suficiente en sus primeras páginas.

 


Se trata de una obra de Saramago, premio Nóbel de literatura en 1998 y fallecido en 2010. Esta obra es de 2002 y fue llevada al cine en una adaptación del director canadiense Denis Villeneuve y bajo el título de “Enemy”.

 

El argumento, muy resumidamente, parte de la figura de Tertuliano Máximo Afonso, un profesor de historia en una escuela secundaria. Mientras ve una película que le recomendó el profesor de matemáticas de la escuela, Tertuliano descubre un actor que es su copia idéntica. El libro narra la búsqueda de Tertuliano por su doble y los eventos que se dan después de que ambos se encuentran. 

 

         Entre las frases que más me han gustado de las escasas páginas que he leído, se encuentran las siguientes:

 

Al fin y al cabo, es benévolo principio mercantil, cimentado en la antigüedad y probado en el uso de los siglos, que la razón siempre la tiene el cliente, incluso en el caso improbable, aunque posible, de que se llame Tertuliano”. Pág. 14

        

Verdaderamente Tertuliano Máximo Afonso anda muy necesitado de estímulos que lo distraigan, vive solo y se aburre, o hablando con la exactitud clínica que la actualidad requiere, se ha rendido a esa temporal debilidad de ánimo que suele conocerse como depresión”. Pág. 11

 

… ayuda a mantener un ambiente confortable, que no pasa de la media, sin fingimiento ni pretensión de aparentar más de lo que es, el sitio de vivir de un profesor de enseñanza secundaria que gana poco, como parece ser obstinación caprichosa de las clases docentes en general, o condena histórica que todavía no han acabado de purgar”. Pág. 23

 

Al contrario de lo que piensa el sentido común, las cosas de la voluntad nunca son simples, lo que es simple es la indecisión”. Pág. 40

 

Todos sabemos que cada día que nace es el primero para unos y será el último para otros, y que, para la mayoría, es sólo un día más”. Pág. 40

 

los profesores necesitan ir bien alimentados a la escuela para poder arrostrar el durísimo trabajo de plantar árboles o simples arbustos de sabiduría en terrenos que, en la mayor parte de los casos, tiran más para lo estéril que para lo fecundo”. Pág. 46

 

Es una pena que no haya seguido leyéndolo, porque si en apenas 50 páginas me han llamado la atención estas frases, con el profundo contenido que llevan, es muy posible que la lectura de la totalidad de la obra me habría dado para varias entradas.

 

En cualquier caso, si quieres acceder al libro, aquí tienes el enlace.

sábado, 23 de agosto de 2025

Derecho y literatura: el tío Rufo (I)

 


Tanto en este blog, como en el más "profesional" dedicado al Derecho, podéis encontrar entradas originadas en mi afición por la lectura y la escritura. He reseñado por aquí algún que otro libro -como "El tren llegó puntual", "El beso de la sirena" o la biografía de Manuel Sánchez Silva- y también he traído incluso alguna norma jurídica poética, como el Plan Estratégico de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social

 

Hace poco, limpiando los libros de mi biblioteca, encontré entre las páginas de uno de ellos, dos cuartillas y un folio, todos de papel cebolla –a los más jóvenes, que no sabrán lo que es, les aclaro que era un papel muy fino, casi transparente, que se utilizaba para que fuera más fácil hacer copias con papel carbón- con textos literarios referidos al Derecho y los abogados.

 


El autor de estas “exquisiteces” era el tío Rufo. Era un señor muy mayor (o, al menos, a mí me lo parecía) que en realidad era el tío abuelo de un amigo mío de la infancia –cuya amistad sigo conservando y cultivando- que se caracterizaba por dos cosas: ser muy agradable, dicharachero, alegre, hablador… ; y por tener una cultura muy extensa. En la casa de mi amigo, donde jugábamos al ajedrez cada vez que se terciaba y donde casi siempre estaba el tío Rufo (vivía en el piso de al lado), había grandes cantidades de libros y él tenía la costumbre de regalarme uno de estos fragmentos cada vez que me veía por allí cuando yo ya estaba estudiando Derecho.

 

En esta entrada y en las siguientes voy a transcribir estos textos, en un claro homenaje a su persona y a la impresión que causó en un niño-adolescente-joven que recibía esto como lo que era, una auténtica joya:

 

V. BLASCO IBÁÑEZ. Obras Completas. Tomo II. Oriente, cap. XX, página 57 (escrito en 1907).

 

Mi amigo Mizzi es un abogado inglés notabilísimo que desde hace treinta y cinco años vive en Constantinopla. Habla y escribe con la mayor facilidad doce idiomas, y en un mismo día perora ante el Tribunal consultar de Inglaterra, hace una defensa en turco, escribe una demanda en griego o en ruso y acaba su jornada en el Consulado español expresándose en castellano.

 

Desde Constantinopla ha ido a defender pleitos a Siberia. Otra vez fue a Bagdad y a Bassora, países de leyenda, para intervenir como abogado en una herencia de príncipes árabes que se disputaban sacos de diamantes, de rubíes y esmeraldas. Sólo en Oriente pueden encontrarse estos litigios de cuento fantástico.

 

Mizzi es inglés porque nació en Malta; pero su madre era española, y él siente un gran afecto por España. Es consejero legista de casi todas las embajadas y consulados, condecoraciones y títulos lleven sobre él de las más importantes naciones de Europa y, sin embargo, lo que más aprecia es su nombramiento de vicecónsul de España. THE LEVANT HERALD, el diario más grande de Constantinopla, es propiedad suya y en él trabaja diariamente, dando al público una información del mundo entero. Ir con Mizzi por las calles de Pera y Gálata es asistir a un desfile de popularidad. Saludo a un turco en su lengua, conversación con un griego, diálogo con un francés o un italiano, sombrerazos, apretones de manos, frases cariñosas: un curso completo de idiomas”.

 

         Para quien tenga curiosidad, puede buscar por internet las referencias al Levant Herald y encontrará algún resumen en Wikipedia. No he encontrado referencias al supuesto abogado Mizzi, no sé si es una invención de Blasco Ibáñez (no lo creo) o simplemente forma parte de los muchos personajes e historias que no aparecen por la red. Pero, como se suele decir, “se non é vero, é ben trovato” (aunque otro día escribiré sobre el origen de esta expresión).

 


 

miércoles, 1 de noviembre de 2023

El beso de la sirena, de Andrea Camilleri

 Aunque el libro se publicó inicialmente en 2009, no ha sido hasta ahora que lo he leído, de manera casual. Lo encontré entre los libros de la casa de mis padres, probablemente porque a mi padre le gustaban los temas marinos y no hay nada más relacionado con el mar que una sirena.




El argumento es simple: un emigrante italiano en Estados Unidos decide volver a su tierra, a la Vigàta de Camilleri, y allí compra una tierra y busca a la alcahueta del pueblo para que le busque esposa. Tal y como indica la nota del autor publicada al final del libro, se trata de una fábula que había oído de niño de los labios de Minicu, “el más fantasioso de los campesinos que trabajaban en las tierras de mi abuelo”.


El libro, breve, narra lo indicado, así como la vida que llevan desde la boda, incluyendo las necesidades de reforma de su vivienda para adaptarla a las costumbres de Maruzza, así como la vida de pareja, con el nacimiento de los hijos.


El secreto de la esposa se va desvelando poco a poco, aunque en la edición española se sustituyó el nombre original del libro –Maruzza Musumeci-, revelándose de este modo, desde el principio, el misterio. Es más, en la propia contraportada se dice expresamente: “Maruzza era una sirena”.


Como he dicho, una deliciosa fábula, muy bien escrita, que nos presenta a un Camilleri distinto al que nos tiene acostumbrados: el de sus personajes habituales, el comisario Montalbano y sus subalternos, y unas tramas que giran siempre en torno al asesinato y al misterio policial.


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